La diabetes. cuarta parte: 10 mitos y verdades

13 noviembre, 2015

A principios de los años 90 se empezó a usar de modo rutinario la prueba de la hemoglobina glicosilada (o glucosilada, o glicada que de las tres formas se le llama) y a mi madre se le acabaron los ayunos preventivos. Y también cambió la actitud de su médico, menos mal.

Mi madre era diabética tipo dos. Recuerdo, de pequeño, verla un día ayunar y atiborrarse de pastillas porque “mañana me toca análisis y si me sale alta la glucosa el médico me echa una bronca”. Y eso cada tres o cuatro meses. Siempre con mala conciencia de no hacer caso al prescriptor, de comerse lo que no debía, “¿piezas de fruta sólo puedo comer una? Pues que sea un melón” Y si no se lo acababa, casi, casi.

La hemoglobina es la proteína que, en los glóbulos rojos, transporta el oxígeno de los pulmones a los tejidos y el CO2 de los tejidos a los pulmones. Una parte de esa hemoglobina circulante en la sangre se une a glucosa; hablamos entonces de hemoglobina glicosilada. A diferencia del resto de hemoglobina que toma y suelta el O2 y el CO2, la glicosilada ya no se suelta de la glucosa hasta que la molécula se recicla a los tres meses de su nacimiento.

Todos tenemos un porcentaje de hemoglobina unida a glucosa de modo irreparable. Esa cantidad varía entre el 5 y 6% en personas no diabéticas. Y en diabéticos sube en proporción a los niveles promedio de glucosa durante los últimos tres meses. A su valor no le afecta si ayer me dí un atracón o si corrí una maratón. Es una cifra muy fiable y significativa. A un radar en la autopista lo podemos engañar metiendo un frenazo, pero al radar de tramo no se le puede engañar, ¿verdad?

Así que la hemoglobina glicosilada se ha convertido en el mejor marcador del estado de la diabetes. El objetivo es tenerla controlada por debajo de seis. La realidad nos dice que conseguir bajar de seis y medio es muy bueno y, posiblemente, suficiente. En pacientes muy mayores se puede aceptar que la tengan en siete pues el esfuerzo para bajar de ahí no compensa con los beneficios esperados.

Cuanto más se acerque la hemoglobina glicosilada a valores por debajo de seis mejor será el pronóstico de calidad de vida del paciente. Y se puede. Compinchado con el endocrino, el médico de familia y el farmacéutico se puede lograr una vida muy plena, comer de todo y disfrutar si se domina el tratamiento.



Se dicen muchas cosas sobre la diabetes, aunque no todas son ciertas. A continuación diez mitos y verdades sobre esta enfermedad:

  • La insulina hay que guardarla en la nevera.

Basicamente . Pero las plumas más modernas pueden estar cuatro semanas a temperatura ambiente, algunas incluso más. Se recomienda guardar las que no están abiertas en la nevera y las empezadas en la mesilla de noche. Incluso se pueden llevar en el bolsillo de la camisa para usarlas a diario. Y no es necesario una nevera portátil para viajar.

  • Los diabéticos no pueden comer dulces ni bollería.

Pues sí pueden. Al final lo que cuenta son las calorías. Un plato graso puede suponer más calorías que la bollería. Un diabético debe comer de todo, en plato pequeño y varias veces al día. Y tratar de adelgazar.

  • Hay que hacerse el control de la glucemia a diario.

Eso sólo se recomienda para pacientes tipo 1 que varían la cantidad de insulina que se inyectan en función del resultado de la prueba. Para los tipo 2, que no varían su medicación, es innecesario e incluso puede generarles ansiedad.

  • Los alimentos de diabético están recomendados.

Poco. Además de que tienen peor sabor que los normales y precio más elevado, el contenido en calorías es similar o incluso mayor que en los normales. Si un diabético quiere comer turrón, que lo tome bueno. Y así, aunque coma poco, que lo disfrute de verdad

  • Los diabéticos no pueden comer fruta.

Pues sí. Deben comer fruta. De manera equilibrada; menos cantidad cuanto más dulce sea, cuantos más azúcares aporte.

  • La diabetes es hereditaria.

No. La posibilidad de desarrollarla lo es. Pero poco. Un descendiente directo de paciente diabético tiene un 5% más de posibilidades de desarrollar la enfermedad que los que no tienen esos antecedentes.

  • La diabetes es una enfermedad de mayores.

La tipo 2 se detecta con la edad (adulta). La tipo 1 es de aparición brusca y suele ser en la infancia o la adolescencia.

  • La glucosa medida en el dedo es lo que dice cómo va el paciente.

No, eso da una pista de ahora mismo. Pero poco más. Valores extremos (menos de 50 o más de 400 u/ml) nos diferencian hipo e hiperglucemia si encontramos al paciente desmayado. Pero un valor aislado sirve de poco.

  • La glucemia se mide en ayunas, por la mañana.

En el dedo y en España, sí. En Francia y otros paises la glucemia se mide a las dos horas de haber comido (postprandial). Para muchos es más importante y significativa que la matutina (basal).

  • La insulina sólo la emplean los diabéticos tipo 1.

No, cada vez se emplea más en tipo 2 y en embarazadas, pues el riesgo para el feto es menor que con algunos de los fármacos orales y el control de la glucemia es mucho mejor, lo que evita complicaciones a la madre y el recién nacido.

No, no soy diabético, ni ganas de serlo, claro. Pero empatizo muchísimo con éstos pacientes.


Autor: José Ramón García Sólans
Farmacéutico Comunitario


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